2024: acelerar el camino hacia una educación de calidad

La educación es un derecho fundamental del ser humano, crucial para el desarrollo, para reducir la pobreza y para fomentar la salud, la igualdad de género, la paz y la estabilidad.

Globalmente, cada año más de escolarización incrementa en un 9 % los ingresos que se obtienen por hora. Aunque se ha avanzado en la inclusión de más niños en las aulas, ese aprendizaje no siempre está garantizado en todas partes.

Las inversiones estratégicas en educación son fundamentales para erradicar la pobreza extrema, abordar la crisis del aprendizaje y dotar a los jóvenes de las habilidades necesarias para que tengan éxito en el mundo actual.

Por desgracia, la COVID-19 ha empeorado la crisis educativa global, que afecta significativamente a los niños pequeños, a los estudiantes y a la juventud. Ahora ha llegado el momento de acelerar las estrategias para llegar a la mayor cantidad de niños y escuelas posible en todo el mundo con el fin de garantizar una educación de calidad para todos.

La pandemia desencadenó la peor crisis educativa en el último siglo. Globalmente, los sistemas educativos estuvieron totalmente cerrados durante un término medio de 141 días entre febrero de 2020 y febrero de 2022. La pobreza de aprendizaje, que cuenta los niños de 10 años que no saben leer comprendiendo lo que leen, estaba en un 57% antes de la COVID-19, y se estima que llega al 70% en 2022 en los países de ingresos bajos y medios.

Los cierres prolongados y la brecha digital hacen peligrar las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible ODS 4. El fuerte descenso del número de los que saben leer a nivel internacional entre 2016 y 2021 pueden hacer caer 0,68 puntos porcentuales el crecimiento del PIB mundial.

Esta recesión económica global que afecta a los ingresos de las familias, aumenta los riesgos de abandono escolar y tensa el gasto público en educación. Los jóvenes sufren la pérdida de capital humano, dificultándose el desarrollo de sus habilidades.

Dos tercios de los jóvenes a nivel mundial no cuentan con un dominio mínimo de las habilidades lingüísticas y de matemáticas. La elevada pobreza de aprendizaje exacerba esta situación, impidiendo que se puedan adquirir habilidades avanzadas. Se requiere una acción urgente: seguir igual sin más no es suficiente.

Es imprescindible que los gobiernos apliquen ambiciosos programas de recuperación del aprendizaje para que los niños regresen al colegio, para que se recupere el aprendizaje perdido y deben establecer sistemas educativos mejores, más equitativos y resilientes para cumplir con los objetivos de los ODS 4.

Para 2030, el objetivo consiste en reducir a la mitad la pobreza de aprendizaje, o sea, el porcentaje de niños de 10 años en todo el mundo que tienen dificultades para leer y comprender un texto básico. Conseguirlo requiere un apoyo internacional para desarrollar las habilidades fundamentales, tales como la alfabetización, las matemáticas y las habilidades emocionales sociales son los pilares principales necesarios para construir las demás enseñanzas.

Desde el aprendizaje a la más temprana edad hasta la enseñanza superior y más allá, ayudamos a los niños y jóvenes a adquirir las habilidades necesarias para que tengan éxito en el colegio, en el mercado laboral y a lo largo de toda su vida.

Nuestra visión de futuro es que el aprendizaje debe llevarse a cabo con alegría, propósitos definidos y rigor para todos, en todas partes. Esta visión es la que debe dar forma a las inversiones y reformas de las políticas actuales con el fin de ayudar a que los países establezcan los cimientos de unos sistemas educativos eficaces, equitativos y resilientes.

A continuación describimos los cinco pilares relacionados entre sí de un sistema educativo que funcione bien: los alumnos, los docentes, los recursos de aprendizaje, las escuelas y la gestión del sistema.

  1. Los alumnos deben estar preparados y motivados para aprender;
  2. Los docentes deben estar preparados, capacitados y motivados para impartir el aprendizaje y la adquisición de habilidades;
  3. Los recursos de aprendizaje (incluida la tecnología educativa) debe estar disponible, ser pertinentes y utilizarse para mejorar la enseñanza y el aprendizaje;
  4. Los colegios deben ser seguros e inclusivos; y
  5. Los sistemas educativos deben estar bien gestionados, contar con buena capacidad para su aplicación y con una financiación adecuada.

¡Trabajemos juntos en ello!

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